El pasado mes de mayo, Quique participó en las jornadas “Abordaje integral del testimonio de las víctimas vulnerables”, celebradas en la Fiscalía General del Estado. Durante el encuentro, compartió uno de los episodios más duros de su vida: la brutal agresión que sufrió el 21 de enero de 2018 cerca de su domicilio, cuando dos personas desconocidas le golpearon hasta tirarlo de su silla y dejarlo abandonado en la calle.
Tras la agresión, Quique presentó una denuncia, aunque asegura que nunca sintió que su caso fuera tratado con la importancia necesaria. Según explicó durante las jornadas, no hubo consecuencias para los agresores ni una investigación que permitiera esclarecer los hechos, lo que le dejó con una profunda sensación de indefensión ante un presunto delito de odio.
Durante años, Quique relató lo ocurrido tanto a personas de su entorno como a representantes de distintas instituciones locales, aunque siempre percibió que su testimonio no recibía la atención necesaria. Sin embargo, en esta ocasión aseguró haberse sentido escuchado y reconocido por primera vez, algo que calificó como profundamente reparador tras años conviviendo con la impunidad y el dolor.
Quienes han acompañado a Quique durante todos estos años recuerdan perfectamente el impacto que supuso escuchar por primera vez su relato. La indignación, el dolor, la rabia y la impotencia que provocó conocer lo ocurrido fueron difíciles de olvidar. También la sensación de no poder hacer nada, pese a denunciar los hechos públicamente y trasladarlos a diferentes instituciones, y comprobar cómo con el paso del tiempo todo parecía diluirse mientras el miedo y el sufrimiento permanecían en la persona que lo había vivido.
Por ello, uno de los momentos más significativos de la jornada se produjo al finalizar su intervención, cuando Miguel Ángel Aguilar García, Fiscal de Sala Coordinador contra los Delitos de Odio y Discriminación, pidió perdón públicamente a Quique en nombre del sistema, reconociendo que hubo fallos en la atención de su caso.
Ese gesto fue recibido como algo profundamente humano y necesario. Porque cuando una institución es capaz de mirar a una persona a los ojos y decirle: “Sentimos que el sistema fallara, que no supiéramos acompañarte”, no solo reconoce un error. También reconoce a la persona, su sufrimiento y su dignidad.
Para quienes estuvieron presentes, aquellas palabras tuvieron un enorme valor reparador. Demostraron que escuchar, reconocer y asumir responsabilidades puede ayudar a aliviar heridas que permanecen abiertas durante años. Un gesto humilde, pero inmenso en su significado, capaz de reconciliar y devolver parte de la confianza perdida.
Además, dejó una reflexión importante: pedir perdón no debilita a una institución. Al contrario, la dignifica. Reconocer el dolor de una persona puede ser el primer paso para que otras no tengan que atravesar la misma experiencia en el futuro.
Durante el acto también se puso sobre la mesa la situación de vulnerabilidad que pueden vivir muchas personas con discapacidad en determinados contextos, especialmente cuando existen dificultades de comunicación que pueden dificultar aún más el acceso a la justicia y la protección institucional.
AVAPACE agradeció especialmente la invitación de Ángeles Blanco, así como la implicación de jueces, fiscales y profesionales que participaron en las jornadas y escucharon el testimonio de Quique.
El encuentro permitió además conocer a Nevenka Fernández, reconocida por su lucha contra el acoso sexual en España y convertida en un referente para muchas mujeres que han sufrido situaciones de abuso en el ámbito laboral y personal. Su presencia fue considerada un símbolo de apoyo y esperanza tanto para Quique como para otras personas que han vivido situaciones de indefensión.